Julia Abdullah confesó que su obsesión con lavarse las manos 300 veces al día cuando trabajaba en un laboratorio y debía manipular muestras de orina y desechos humanos. La mujer también debía laborar con muestras de sangre y pruebas de VIH.
"Pensé que iba a poder controlarlo", dijo la mujer. Abdullah aseguró que tras varios meses, dejó de trabajar en el laboratorio y su obsesión la obligó a encerrarse en su casa, preocupada por mantenerse limpia. Expertos dijeron que Julia desarrolló un Trastorno Obsesivo Compulsivo con la limpieza.
Actualmente, la mujer continúa bajo tratamiento en Malasia para controlar su obsesión y asegura que ha retomado el control de su vida, aunque dice que todavía necesita lavarse las manos varias veces por hora para sentirse cómoda.

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