“Usamos ratas porque tienen un sistema nervioso parecido al de los humanos”, explicó la coordinadora del proyecto e investigadora del Centro de Estudios Farmacológicos y Botánicos (Cefybo), de la Universidad de Buenos Aires (UBA), Laura Guelman.
Los científicos expusieron a los animales a ruidos con potencias de entre 95 y 97 decibeles (dB), más altas que lo estimado a un nivel seguro (70-80 dB) pero inferior al sonido que ocasiona un concierto de música (110 dB). Además, descubrieron algo novedoso: después de dos horas de exposición, las ratas padecieron daño celular en el cerebro.
Las perturbaciones resultaron ser en la zona del hipocampo, una región adjunta a la memoria y los procesos de aprendizaje. “Esto sugiere que lo mismo podría ocurrir en humanos en etapa de desarrollo, aunque será difícil de comprobar debido a que no podemos exponer a niños a este tipo de experimentos”, según explicó la experta.
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